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4.-MOZORROTEGI
El Carnaval de Uharte
Por Julio Urdin Elizaga

En la década de los cuarenta, un bando anunciador de las Fiestas de la Hermandad recogía en su cuarto punto una norma a guardar durante toda su duración con el siguiente y explícito mensaje: que asimismo quede prohibido el empleo de máscaras y materias explosivas, bajo multa que en cada caso proceda. A no dudar que esta censura tenía su razón de ser más directa en las sospechas del poder sobre la cualidad de anonimato e impunidad dada por el disfraz a quien amparándose en él pudiera cometer delito. Y a tener en cuenta también que esas mismas cualidades eran utilizadas por el pueblo como parodia de sus reiterados excesos.

La época no obstante más apropiada para disfrazarse, fuera de nuestro ya recuperado día de disfraces por fiestas y aquella otra de la última noche del año, era, tradicionalmente, la de Carnaval con motivo del secular y antagónico enfrentamiento entre don Carnal y doña Cuaresma. Y que muy a pesar de las artificiosas divisiones impuestas por la ortodoxia cristiana dentro de los rituales propios de cada época de año,obedecía a una tradición que venía realizándose hasta bien entrado el calendario litúrgico medieval a modo de las escandalosas Fiestas de locos y misas de Risus Paschalis, anteriores y posteriores respectivamente al Carnaval, pero con similar intencionalidad: la de divertirse ridiculizando las prácticas políticas y religiosas de su tiempo. gora

Paradójicamente, ambas mencionadas celebraciones eran protagonizadas por el clero bajo, conscientes de su pertenencia a la plebe y vulgo, que en el primer caso, formando parte "de órdenes menores, con los rostros pintarrajeados, se contoneaban vistiendo los trajes de sus superiores y se burlaban de los pomposos rituales eclesiásticos y cortesanos" (Harvey Cox, 1969); y en el segundo, "en la Alemania del siglo XVI: durante la misa de Pascua, el predicador decía y hacía auténticas indecencias sobre el altar, llegando al punto de mostrar los genitales para hacer reír a los fieles" (María Caterina Jacobelli, 1990). En el intervalo de ambas celebraciones, tiempo de Carnaval, imperaba una época de cierta permisividad hacia los pecados de la carne, gula y lujuria, indulgentemente tolerados por la iglesia, y contemplada por el historiador Edward Muir bajo el título de rituales del cuerpo, siendo brillantemente ilustrada por el pintor flamenco Pieter Brueghel el Viejo en su cuadro La Batalla entre Carnaval y Cuaresma. gora

En Navarra las prácticas rituales de este tiempo fueron conocidas bajo la doble denominación, según se tratase de la Ribera o de la Montaña, deCarnestolendas o Ihauteriak. Y como ejemplo de ello, en Corella, se denominaban carrastolendas a las máscaras de Carnaval. En opinión de Caro Baroja, el Carnaval no se puede entender sino como hijo pródigo del cristianismo, puesto que sin la idea de la Cuaresma, no existiría en la forma concreta que se da desde la Edad Media europea (1965). Esa misma continuidad del espíritu del Carnaval en Semana Santa se daba en nuestra tierra con la doble acepción de la palabra Mozorro bien como máscara de Carnaval y asimismo entunicado de la procesión de Semana Santa.

Mozorro es también espantapájaros y, por extensión, Mozorroteg el lugar de aquellos. Pudo ser, según interpretaciones, el lugar del encapuchado, del disfrazado, del coco de los niños y del fantasma. No en vano en nuestra Villa era bien conocido que tras haberse jugado y perdido a la "carteta" los dineros conseguidos en los tratos y transacciones del día de mercado, fuesen seguidamente comunes las historias sobre asaltos y robos en el camino de vuelta a casa. Mozorrotegi es paraje de Uharte en el camino a Alzuza y Egües y pudo acontecer uno o varios sucesos relacionados con estos presuntos acontecimientos como sitio del enmascarado. Y también por extensión en la recreación del Carnaval rural propio de nuestra Villa, Mozorrotegi casi puede ser, en el sentido actual de su celebración, la correspondencia euskérika equivalente del mismo.

gora Desde que en el año 1932 Luis de Shiota y unos parientes de Inda Alonso, según recuerda Martín Astrain, saliesen con una tartana en un intento fallido de recuperación de los Carnavales, hasta la época de su restablecimiento, alrededor de la Transición política, iniciada con los pocos datos que se disponían de su tradición consistente en una cuestación por los txatxos del pueblo de txistorras, huevos, patatas y algún dinero con los que la juventud elaboraba la tortilla de carnavales, el elemento del disfraz y de la máscara, mozorroa, ha sido, sin la menor duda, el protagonista de su recuperación. Y en esta línea deberemos saludar los esfuerzos realizados por los uhartearras de ir creando nuevos personajes cuyo origen a la vez que novedosos nos sean familiares como TIPULON, MINERVAS Y QUEMACULOS, ZAMALTZAIN; además de los conocidos TXATXOS y del ZANPANTZAR. Un Carnaval, en definitiva, que no obstante nuestra proximidad a Iruña sigue creciendo en torno a una identidad de origen rural.

Julio Urdin Elizaga
UHARTE-NAFARROA
Diciembre, 2001.

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